HUAICOS, ENTRE BENDITOS Y MISERABLES

Miserables los que hacen de la tragedia un lucro, cicateros los que en nombre del huayco amalgaman sus fortunas aprovechando que abran el candado de las inversiones para sisar en nombre del sufrimiento que producen los fangales en las poblaciones afectadas.

Cuantos canallas ya se están frotando las manos para aprovechar este lodo de dinero para gastar en asistencia poblacional inflando precios, subvaluando compras, robando en nombre de la desgracia popular de los sectores sociales que sufren este embate de la naturaleza.

Malditos los centros comerciales que aprovechan el posible desabastecimiento para subir los precios de los productos de primera necesidad, solo nos queda no comprar de allí en tiempos malos y en épocas buenas, así latigamos su mezquindad o búsqueda de usura así sea a costa de la malaventura popular.

Protervos esos transportistas que elevan el pasaje y engañan a los usuarios diciéndoles que “ya hay pase” haciendo de su mentira una ganancia desmedida y que su interés está en aprovechar del “huayco” para doblar, triplicar y quintuplicar los pasajes abusando de la necesidad de viaje del que está enfermo y tiene que llegar a la cita a un hospital Limeño porque en los hospitales del centro del país solo tasan la enfermedad a curita y pastilla simple.

Inmorales aquellos que festejan mientras los pobres transigen, escabrosos aquellos parcos a la desdicha del prójimo y que en nombre de la desilusión pretenden cerrar sus ojos y tapar sus oídos para que su apatía suene a escepticismo existencial, pobres de espíritu, ojala de ellos no tenga compasión cuando pasen por lo mismo o peor.

Benditos aquellos que se salvaron de los huaycos, por suerte, bendición o lógica racional cartesiana siguen vivos, seguro deben estar agradecidos a este casi infortunio y han cambiado su óptica de vivencia habitual aburrida y rutinaria por una de acción hedonista o eudemonista hacia la existencia.

Glorificados aquellos que han renunciado al paseo o gustito del fin de semana para agruparse y llevar alimentos, agua y productos de bien aquellos damnificados, benditos esos hombres y mujeres que practican la solidaridad, ensalzan el altruismo, y entonan la canción de la armonía social y despiertan en otros ese espíritu humano idealista de dar, de servir, de brindarse a la humanidad doliente y necesitada.

Bienaventurados esas empresas que renuncian a la utilidad del mes o del año para dar, donar, y entregar lo que sirva sea poco o grande a esas multitudes que están en necesidad, sean bendecidas esos gerentes que no piensan para hacer el bien y no esperan consultar al directorio para decidir llevar productos de bien y de utilidad a los perjudicados de los huaycos.

Benditos los peruanos que animan, obran y oran para que el país se alce en ánimos y supere la desgracia y enrumbe con optimismo los días por venir, el “sí se puede” no solo sirve para el futbol, sino también para imitar a Evangelina Chamorro que si nos demostró que “si se puede” salir del lodo de la pobreza, de la corrupción, y de la apatía social, podemos peruanos…

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